Cada día lo tengo más claro, somos un país donde casi
tenemos como hobby demonizar sectores, personas, clases o ideologías. Da igual
el tema, dan igual los motivos y dan igual las razones, solo importa el fin,
que es poner a algo cuernos, tridente y rabo puntiagudo para centrar nuestro
odio e hipocresía hacia un mismo lado.
En estos momentos ese dedo está señalando a un sector de la
sociedad al cual pertenezco durante esta etapa que estoy a experimentar de mi
vida y al que todo el mundo pertenece o
ha pertenecido en un momento de su vida: los jóvenes y dentro de ellos los que
peor salen parados de cara a la galería son los menores de edad siendo ellos el
foco de la mayor parte de las críticas y de noticias un tanto sensacionalistas,
oportunistas y a veces carentes de sensibilidad alguna sobre el tema del que están
a tratar pero sobre el tema de los menores en concreto ya tratare en su debido
momento otro día.
Y adivinad, sabéis sobre que estamos siendo el foco de
atención últimamente… así es, esa actividad que de forma tan culta y refinada
los periódicos denominan “ocio nocturno” y que de todo la vida se conoció como “salir de fiesta”. Y es que es coger últimamente
los periódicos y leer noticias sobre lo que ellos denominan el fenómeno botellón,
el consumo de alcohol y drogas entre jóvenes y más concretamente entre los
menores de edad y parece que lo de salir por la noche lo inventamos los nacidos
en la década de los noventa y los del 2000 para delante y que los problemas que
trae esto, es cosa de nuestras generaciones, que nada que en época de nuestros
padres y abuelos las drogas no existían, el alcohol era ilegal a causa de una
ley seca implantada y todo el mundo escuchaba entre los 12 y los 27 años en
España únicamente a Mozart y a Vivaldi…. Vaya asique eso era la llamada “Movida
Madrileña” de los años 80 y principios de los 90.
Porque perdonen si les parece mal que se lo niegue pero ni a
los 13 años somos unos alcohólicos, ni a los 14 unos “porretas” y ni a los 15 unos yonkis de la cocaína. Entiendo
que para que una noticia sea leída o tenga cierta repercusión, una de las
claves sea un titular que impacte, que llame la atención del lector pero de ahí
a decir en la portada de la noticia, lo mencionado en los 2 primeros renglones
de este párrafo para luego indicar que solo el 1,2 % de los jóvenes y el 0,7% de las jóvenes de entre 12 y 18 años consumen cocaína,
no es querer tomar el pelo, es llamarte tonto a la cara directamente porque
hasta un niño de primaria sabe que el 1% sobre 100% no es la mayor parte de ese
100% y a lo mejor soy yo que estoy loco pero creo non son porcentajes lo
suficientemente grandes como para generalizar en un titular que a los 15 años
los jóvenes consumen cocaína que cualquiera lee únicamente solo el titular (una gran mayoría de la gente que opina sobre
este tema luego, aquí sí se puede generalizar que el porcentaje es muy superior
al 1%) y parece que todos nosotros cuando tuvimos esta edad esnifamos polvo
blanco por primera vez
Porque lo primero sobre lo que se centró la prensa y la
opinión de bueno, denominemos gente “asentada” de cabeza, (que hablan como si
nunca hubieran cogido un vaso de alcohol en su vida o fumado un pitillo cuando
tenían nuestra edad… nada el orgullo del cura de la parroquia, todos para
monaguillos) para criticar y lanzar sus ataques fue en el fenómeno que sí, es
cierto, establecimos en España en su mayoría las generaciones nacidas en los
años 90 , que hoy conocemos como botellón.
El botellón según los periódicos que tratan sobre este fenómeno
se define y cito textualmente de un artículo publicado en la Voz como “palabra,
más que vincularse a un recipiente se puede definir como una reunión masiva de
jóvenes de 16 a 24 años, fundamentalmente, en espacios públicos (plazas,
parques, calles) en los que charlan, escuchan música y, principalmente,
consumen bebidas alcohólicas que, previamente, han comprado en supermercados,
tiendas o grandes almacenes, y se desarrolla fundamentalmente por la noche”. Se
trata de una definición que creo que más o menos todos estamos de acuerdo con
ella, pero el problema no reside en la definición sino en que tanto medios de
comunicación como críticas solo se centran en la parte de la definición que
habla de “consumo de alcohol” sacándose de la chistera cualquier tipo de
crítica o “dato informativo” que en ciertas ocasiones a uno le entra la risa
solo de leerlo o escucharlo como el de que “98,6 % de los chavales que van a
esas reuniones beben”; es como si ahora se acudiese a cada una de las tabernas
abiertas en cada una de las urbanizaciones gallegas y se preguntase a cada uno
de los individuos que estén ahí si están consumiendo o no una copa de cerveza o
de vino cuando van, para luego soltar en una noticia “ el 98% de la gente que
acude a una taberna consume en ella alcohol”, uno se quedaría pensado “para eso
se va no te jode, que para pedir tés y cafés ya existen las cafeterías ”; igual
pasa con el caso del botellón, pues claro que la gente que acudimos a ella estamos
consumiendo alcohol, pero no solo se trata de beber alcohol porque tal y como
dice la definición se trata de una reunión entre nosotros donde charlamos, escuchamos
anécdotas y pasamos un buen rato, lo mismo que uno se puede encontrar cuando
acude a un bar o a una taberna.
Luego están las ocurrencias de algunos oportunistas que a las
primeras sueltan la famosa frase de “deberían prohibirse los botellones y así
se acaba el problema”; bueno que se acabe el problema que se lo digan a los
habitantes de Santiago de Compostela donde el botellón sí que está prohibido pudiéndole
caer a unos, severas multas si los encuentran haciéndolo, y la medida no es que
haya rebajado los altercados o los problemas nocturnos más bien lo que ha hecho
es producir más, lo cual saben muy bien los vecinos de la ciudad pues al haber
sido prohibidas este tipo de reuniones en el espacio público de la ciudad, los jóvenes
han pasado de hacer este tipo de quedadas en un mismo lugar a hacerlas en sus respectivos
pisos generando durante una misma noche problemas con sus vecinos, dificultando
al mismo tiempo la labor de la policía que en vez de tener que ir a un punto común
donde se pueden producir supuestos altercados ahora tienen que acudir varios
puntos de la ciudad por un mismo problema.
No voy a negar que hay quien se le va de las manos el
consumo de alcohol, que puede haber gente que solo va a emborracharse, que
pueden existir casos en los te puedes encontrar a alguien que le dé un coma etílico
por no saber cuándo parar o que se puede generar entre cuatro imbéciles una
trifulca pero también digo una cosa y es que si alguien, estando leyendo mis
palabras, no se ha encontrado esto también en un bar, en una taberna o en una
discoteca durante la noche o incluso durante el día pues bueno me retracto de
lo que escribo y que siga diciendo que somos de lo peor los jóvenes por
realizar el botellón. Y es que tontos y cafres siempre los hubo pero no por eso
nos pueden tachar al resto de hacer los mismo porque ellos son una minoría y el
resto mayoría, no todos acudimos a un botellón para dar la nota, hacer el
idiota o ir a romperle el faro o pincharle la rueda a un coche por ejemplo sin
saber dónde está el límite y tampoco se le puede tachar a uno de borracho solo
porque un día a lo mejor haya bebido más de la cuenta, que una mala noche la
puede tener cualquiera, el problema lo tienen los que lo hacen una y otra noche
sin saber controlarse y generando problemas que repito no somos la mayoría y no
nos pueden hacer pagar por los pecados de cuatro imbéciles si se les pueden
llamar así, algunos solo vamos a pasar un buen rato con los amigos sin querer
molestar a nadie, algunos tenemos cabeza.


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